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Opinión | El cuarto poder

Opinión | El cuarto poder
Dario Álvarez Morantes | En el mes de octubre cuando se celebra,  el día de la raza y la llegada de Cristóbal Colón al continente americano en el año 1492, supuestamente dando origen a un contacto para el desarrollo entre las culturas europea y americana, seguimos engañados, porque no fue precisamente una oportunidad de progreso para nuestro país, sino una enseñanza de guerra, discriminación, represión, injusticia, radicalismo y abuso de poder, que aún perdura en nuestros más connotados dirigentes, equivocados, tal como le sucedió al navegante español, quien murió sin saber lo que descubrió, creyendo que había llegado a la india, dando la vuelta al mundo.

El 16 de octubre, también se celebra el Día mundial de la alimentación, proclamado por la FAO y un día después, festejamos el día internacional para la erradicación de la pobreza, como  motivaciones, que en nada coinciden con la cruda realidad de nuestro país que irónicamente refleja todo lo contrario.

Vivimos un época coyuntural en la que se celebran triunfos del senador Uribe, triunfos del presidente Santos, triunfos de la Guerrilla de las Farc, y la gente aplaude según su polarización de conveniencia, desconociendo el poder supremo que tiene que ejercer el pueblo para determinar las decisiones adecuadas que nos interesan a todos, bajo una democracia que debe ser participativa, libre y autónoma  y no representativa  amañada, viciada, politizada y corrupta.

En este caso y por encima de los tres sectores mencionados en disputa por el poder, el CUARTO PODER que es el del pueblo, debe establecer las normas de juego para la consolidación de una paz duradera, fundamentada y sostenible, donde prevalezcan los derechos humanos, la justicia, la equidad, el respeto, la igualdad y la aplicación de principios y valores en el fortalecimiento del tejido Social.

Fueron muchos los errores cometidos en el proceso que llegó hasta el plebiscito y lo mínimo que se debe hacer ahora es replantear los acuerdos con toda la seriedad, idoneidad y claridad, donde se procure recuperar la menguada confianza en el proceso y se aproveche esta oportunidad para lograr acuerdos coherentes, justos, claros y convenientes, donde se depongan los interese particulares de los tres grupos mencionados y se dé vía libre al ejercicio del poder del pueblo, que aquí llamo el cuarto poder y que es el más legitimo para direccionar la misión y la visión de la paz y el desarrollo de nuestra república.

Es preciso dejar de generar grandes expectativas y prescindir del show internacional con celebraciones anticipadas, para vender una imagen falsa de nuestro país, en el ambiente incierto que tenemos y solicitar eso sí, el apoyo para la construcción integral de la paz. El desarrollo rural se debe soportar con una política integral de estado, donde también se exija a los grupos al margen de la ley, sacar a los agricultores de en medio del conflicto, reparando a las víctimas, sin presionarlos para ceder a las demandas de sus victimarios y haciéndonos partícipes de las negociaciones.

La preservación y manejo de los recursos naturales y el medio ambiente debe ser prioridad, acompañada de la eliminación de la minería ilegal y el narcotráfico. El proceso de paz debe desligarse de estrategias políticas para elecciones futuras.

Los medios de comunicación se deben limitar a informar y no a hacer campañas a favor de una u otra posición, el propósito es la PAZ para beneficio de todos los colombianos sin atribuirle protagonismo a los del NO ni a los del SI y buscando ahora la participación de la abstención, que en un acto de fe debe apostarle a una alternativa para acabar con una guerra inconsciente, amañada y politiquera que ha mantenido a nuestro país en el más injusto sub desarrollo por el conflicto de intereses. No es posible la paz con hambre, desempleo, inequidad y violencia permanente por parte de los grupos no incursos en el proceso.

Es imprescindible buscar mecanismos, herramientas y estrategias tendientes a castigar y acabar con la corrupción, flagelo que limita el desarrollo nacional. No se puede actuar como el adagio popular ¨A Dios Rogando y con el mazo dando¨, donde dizque se busca el bienestar de las comunidades, pero se consiente el delito, se debilita la justicia con pretexto transicional y se dan motivaciones para que proliferen las fuerzas organizadas al margen de la ley matando ciudadanos de bien en búsqueda de estatus para ser llamados en futuro a negociar. El fin no justifica los medios como para  y aceptar decisiones del gobierno en contra del pueblo, como la lesiva reforma tributaria que entre otras cosas aumenta

El IVA hasta el 19% y grava productos de primera necesidad que contribuyen directamente al empobrecimiento de la gente más vulnerable, mientras que la evasión continua y la inversión pública sigue politizada y corrupta.

La paz no se construye reduciendo o ampliando plazos de cese al fuego, se hace con justicia social y prevalencia de los intereses  colectivos sobre los particulares en un ambiente  basado en   principios y valores humanos, con equidad  oportunidades y verdadera voluntad política.

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