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Opinión | Con la paz celebrando y la guerra andando

Opinión | Con la paz celebrando y la guerra andando
Darío Álvarez Morantes* | En el proceso de paz con las Farc, no se ha podido disimular la puja por el poder, entre el senador Álvaro Uribe y el presidente Juan Manuel Santos, a tal punto que mientras el primero celebraba atribuyéndose el triunfo del no en el plebiscito, el segundo repunta ahora con el premio nobel de paz, así las cosas se empata nuevamente la disputa, que solo terminará, si se ponen de acuerdo en repartirse las opciones de gobierno, argumentando ahora el clamor que todos tenemos por la paz.

Ni el uno ni el otro son merecedores de sus reconocimientos, porque Uribe no fue el artífice del NO en el plebiscito y solo ha sabido auto elegirse como el adalid en una decisión del pueblo, que fue motivada más por la inconformidad de los ciudadanos, que por los argumentos motivadores del líder del centro democrático. Igualmente sucede con El presidente, que sin hacer los méritos suficientes para tal distinción, siempre soñó con el premio creado por  testamento del inventor e industrial Alfred Nobel en el año 1.901 el cual establece que se entregará "a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz¨.

Lo deseable, si se quiere consolidar una paz duradera, estable y sostenible, es deponer los intereses particulares y politiqueros para iniciar un verdadero proceso que no solo ofrezca concesiones a los guerrilleros y demás grupos al margen de la ley, sino que apoye a la gente de bien, exaltando la aplicación de principios y valores en la convivencia social y reparando a las verdaderas víctimas con garantías reales de no repetición sin debilitar la justicia por más que sea transicional, ya que esto es lo que ha degenerado en el inmanejable problema de la corrupción y de la violencia en todas sus manifestaciones.

Lo más sensato que le he escuchado al presidente es que ofreció recibir el premio nobel a nombre del pueblo colombiano invitando a la reconciliación y la atención de las víctimas como el camino más claro para reducir el conflicto en Colombia, pues para nadie es un secreto que el comité noruego del nobel fue demasiado generoso, y dio un premio anticipado, quizás por desconocer la situación real de Colombia y las falencias del actual gobierno. Sin embargo la exaltación vista como un reconocimiento a nuestro país por  seguir adelante en medio de tantas situaciones difíciles de guerra interna,  es muy importante y cambia el panorama internacional en el que siempre nos han identificado por líderes en el narcotráfico y el conflicto.

La paz en Colombia es posible y en esta coyuntura se puede direccionar el proceso hacia ese anhelado fin, con los argumentos serios alejados del doble discurso, que no desconozcan el mandato constitucional, la justicia y las acciones pertinentes que conlleven a una democracia participativa con equidad, educación, oportunidades para todos, respeto, igualdad, valores humanos y sobretodo valoración apoyo y cumplimiento para el desarrollo del sector rural, que es el eje fundamental no solo para para la producción de alimentos sino para la consolidación de la convivencia social. Es hora de replantear las estrategias dando representatividad a todos los sectores, corrigiendo los errores cometidos y despolitizando el proceso para enfocarlo a un interés general y no a aspiraciones particulares de poder.

Los grupos al margen de la ley también deben entender que el daño que han ocasionado al país es muy grande y no puede ser olvidado simplemente como parte del proceso, sin verdaderas acciones patrióticas que motiven la reconciliación, por lo tanto no basta con cesar las acciones militares, sino expresar el compromiso para la transición a la vida civil en un dialogo franco y responsable, que debe iniciar por la entrega de las armas no simplemente en forma simbólica sino efectiva, la  dejación de los negocios de la minería ilegal y el narcotráfico, la reposición a las víctimas con garantías de  reconciliación y no repetición.

Ahora los líderes del mundo, los estudiantes, los agricultores, los niños, la comunidad en general y los políticos con sus diferentes intereses, quieren apostarle a la paz y esta oportunidad no se debe desaprovechar con la unión de todos en el mismo propósito, eso sí sin las acostumbradas imposiciones,  sin promesas, sin politiquería, sin burocracia, sin corrupción sin más celebraciones anticipadas, son más farsas de nuevos plebiscitos, pues ya se ha evidenciado que la paz nos interesa es a todos, a los del SI, a los del NO y a los que prudentemente decidimos no participar en el proceso por ambiguo y muy imperfeto. No podemos seguir buscando acuerdos,  con la paz celebrando y la guerra andando, las situaciones hay que analizarlas en su justa medida reconociendo que el proceso hasta ahora se está iniciando y no se debe ser tan sensacionalista, la gente ahora piensa y no va a decir SI SEÑOR A TODO como la antigua y retomada propaganda de dolorán.

Los procesos de paz que no se implementan con acciones sociales de justicia, pensamiento y corazón, son intentos fallidos que no pasan de ser una fugaz ilusión.
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*Dirigente gremial.

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Excelsio, Primer Periódico Virtual de Boyacá - Colombia.

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