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Opinión | La paz en Colombia, un difícil camino

La paz en Colombia, un difícil camino
Darío Álvarez Morantes | No se logra con promesas y celebraciones anticipadas, sino con voluntad, cumplimiento y  acciones demostradas.

Sin desestimar los acuerdos logrados entre el gobierno colombiano y las Farc, no se puede negar, que aunque se abre una gran esperanza para iniciar la construcción de la paz, también se inicia una etapa de plena incertidumbre, por la falta de credibilidad tanto en el presidente Santos, como en el grupo insurgente.

El  26 de Septiembre de 2016, cuando se firmó en Cartagena el acuerdo final, celebrado con invitados especiales, efusivos aplausos y gritos de júbilo, los protagonistas coincidieron en afirmar que la violencia no es el medio para para defender del ideas y reconocieron que el conflicto actual se recrudeció desde la muerte del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, pero el presidente nunca mencionó que los gobiernos han tenido gran responsabilidad recurrente en esto, hasta la fecha, para la muestra un botón el descarado enfrentamiento por el poder que sostiene con el ex presidente Álvaro Uribe Vélez.

Aunque el Presidente Juan Manuel Santos, inició su discurso encontrándole sentido a la letra del himno nacional, homenajeando a las víctimas y a los héroes militares,  no explicó cómo va a enfrentar el posconflicto con una seguridad muy relativa, una justicia ámpliamente cuestionada y una democracia sin la opinión libre del pueblo, donde la equidad no existe y la educación sigue siendo un privilegio y los demás grupos al margen de la ley delinquen para conseguir estatus de negociación. Si bien es cierto que un pacto implica ceder de parte y parte, tampoco se pueden justificar con esto  las exageradas concesiones con la excusa del presidente, de que prefiere un acuerdo imperfecto que una guerra perfecta, porque en una situación tan delicada, donde se inicia un proceso que desde ya se pretende hacer creer como la terminación de la guerra, el fin no justifica los medios, así invoque a Dios y al Papa en sus procederes.

Fue más Coherente timochenko, cuando aclaró que nadie ha renunciado a sus ideas y que se está empezando a construir la paz, enfocó el propósito hacia un renacimiento ético, con paz, justicia social y verdadera democracia con respeto por la vida y la naturaleza, ¡qué ironía! Y prosiguió, con el proyecto, donde la salud y la educación no sean un negocio, los servicios públicos sean de calidad para todos, se luche por combatir la pobreza y la desigualdad, haya desarrollo y reforma integral rural y hasta en un gesto  en el que no se pudo evidenciar mucho arrepentimiento, pidió perdón a las víctimas, para lograr el elogio de todos los asistentes.

Los agricultores sin oponernos nunca a la paz, porque somos eternos actores de la misma, queremos que en adelante nos saquen de todo tipo de conflicto, en el que nos involucran por el simple hecho de estar en el campo produciendo la comida y solo advertimos que una paz duradera y sostenible no se consigue: con simples acuerdos, mientras se continua con la guerra por el poder, con  la injusticia, con la pobreza, con la falta de oportunidades, con  la inequidad, con la discriminación, con la  politiquería y con la corrupción en Colombia, con un estado incapaz de proteger la vida, honra y bienes de los ciudadanos.

Al igual que como ocurrió con la firma del TLC con Estados Unidos las cosas se imponen y los procedimientos amañados se implementan y se aplican, por más recomendaciones y justificaciones que se expresen para que se hagan las cosas bien.

El plebiscito con la influencia del sector oficial será refrendado con el Si, no porque así lo quiera disponer la opinión popular, sino porque está cuadrado con advertencias, amenazas y presiones, para que ese resultado se dé contra viento y marea, refrendando de paso la oportunidad para que el gobierno tenga una evasiva de responsabilidad, lavándose las manos si el proceso sale mal y echándole la culpa al pueblo que dijo si a la propuesta.

De modo que ni hace falta que los trabajadores del campo participemos; eso sí por el otro bando de poder también acudirán a votar por el NO, pero no les alcanzará, a pesar de que mucha gente confundida acudirá a las urnas sin tener claro el objeto de su decisión, o sea ¡para donde va Vicente, para dónde va la gente!

Además de las pocas garantías para el cumplimiento de los acuerdos de parte y parte, lo claro es que la gente pobre de bien, ahora queda en peores condiciones que los reinsertados, en materia de apoyos directos, participación política y seguridad, donde se evidencia que no hay derecho a la igualdad,  no vemos que los campesinos tengamos derecho a las cinco curules en la cámara y las cinco al senado y mucho menos a los seiscientos mil peso mensuales, para el 40% de los campesinos trabajadores pobres, cuando fuimos y seguimos siendo las víctimas de un conflicto motivado por el poder y el dinero, donde los ideólogos que disque luchan por las igualdad de las clases sociales y un gobierno para todos, brillan por su ausencia.

No es el último ni el más viejo conflicto, ni Colombia se prepara para aprovechar su máximo potencial, el proceso hasta ahora inicia, queda mucha tela por cortar y si bien todas las personas de honestas anhelamos la paz, en los demás sectores las cosas no son tan claras, porque el conflicto de intereses prevalece sobre los acuerdos.

Mientras el proceso avanza y con toda la ilusión porque la paz se consolide en Colombia solucionando las cusas fundamentales del eterno conflicto, los agricultores continuaremos construyendo país y dando ejemplo de tolerancia, generosidad, humildad, respeto y trabajo, en una realidad poco halagüeña, donde el trabajo honrado es mal pago y despreciado y las oportunidades escasean para el agro que manejamos los pequeños productores, pero el delito se consiente hasta tal punto que se le salió de las manos al estado y la ley del más fuerte sigue desgraciadamente haciendo carrera en nuestro país.

Tendrán que apagarse  los televisores y radios, no leer los periódicos, calificar todos los actos de violencia como hechos aislados  y ser aún más indolentes,  para simular a partir de hoy el clima de paz duradera que anhelamos todos.

La paz se construye con, con el entendimiento y dignidad entre los hombres y no con el sometimiento de los pobres.

“Es mejor y más segura una paz cierta que una victoria esperada”.  Tito Livio

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