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Opinión | Las campanas de la iglesia de Firavitoba

Daniel Quintero Trujillo* | La iglesia de Firavitoba símbolo de la fortaleza de la fe cristiana de sus habitantes, hoy estrena nuevas campanas, que con su diario repicar alertaran a los cristianos que ya llego la hora para asistir a las diferentes actividades religiosas que hacen parte del diario vivir.

Durante la historia del mundo cristiano se les ha considerado como un símbolo de la conexión ente el cielo y la tierra. Por eso, es considerada como la voz de Dios que llama a la oración y recuerdan la obediencia.

Estas campanas han sido adquiridas con la colaboración de sus fieles, liderado por el padre Jaime Vargas, quien inspirado en la doctrina de la Iglesia Católica y Romana viene animando a la población para seguir fielmente los preceptos de la ley de Dios.

Son tres las campanas que van a adornar el campanario en la segunda torre. Cada una tiene nombres en honor a Santos de la Iglesia que los fieles han venerado, colocando en sus manos las peticiones para que el DIOS de todos los cristianos, nos bendiga con amor, mucha paz y tranquilidad.

Una de ellas tiene el nombre de San Isidro labrador, el patrono de los agricultores, con 400 kilos de peso, otra en remembranza a San Antonio de Firavitoba primer nombre de la población que pesa 500 kilos. Y en nombre de la Patrona de la parroquia: La Virgen de las Nieves con 600 kilos.

Todas a una emitirán sus sonidos para estimular las reflexiones espirituales, nos ayuden a recordar las festividades que se conmemora o  se va a celebrarse; también  evocaran sentimiento de tristeza, si doblan para anunciar entierros de fieles difuntos o nos dan alegría, si sus repiques recuerdan efemérides importantes como las campanas de Navidad o  nos dan a veces la señal de alarma, por algún peligro que se cierne sobre la comunidad.

En Semana Santa es tradicional que desde el Miércoles Santo hasta el Sábado de Gloria, las campanas de las iglesias dejan de sonar en señal de duelo y son sustituidas por el estridente chirrido de las  matracas. En zonas del Catatumbo, los niños tenían la creencia que durante estos días las campanas  se iban de vacaciones a Roma y en las orillas del Mar Mediterráneo se subían a una hamaca para descansar del diario trajinar y allí comían arroz con leche esperando el domingo de resurrección para salir a  sonar  por los aires del mundo avisando que Cristo había resucitado.

Ahora con las nuevas campañas, nuestras madrugadas a la Santa Misa van a estar acariciadas con el ding dong que con su mezcla de sonidos y llevadas por las brisas de la montaña se escucharan como un coro celestial.

Su color de bronce brillante que hoy presenta, mañana serán de un verde o color de bosque por el Rocío de la mañana o las gotas de agua que salpican al campanario llevadas por el viento.

Este toque de campanas se considera parte del paisaje cultural y sonoro de Firavitoba; es parte de nuestro patrimonio inmaterial e intangible.

Solo falta ahora, que el Reverendo Padre Jaime Vargas, en compañía de sus fieles, revestido de traje ceremonial, celebre el rito de bendecirlas, derramando agua sobre ellas, invocando las características de los metales fundidos y pidiendo a Dios las defienda contra los elementos diabólicos adversos; para  evitar que en el futuro aparezca una leyenda que diga: "Las campanas de la Iglesia suenan a media noche, sin que campanero alguno las esté tocando"

¡Campanas de mi Iglesia! Haced sentir tu voz como canto metálico que nos recuerdes que es tiempo de oración

Sonad...sonad, para que tu repicar despierte a los dormidos y ellos se unan a las fuerzas del progreso.
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* Educador y Escritor.

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