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Opinión | Formación de maestros para la paz

Daniel Quintero Trujillo* | La actual Política Educativa de Colombia, está empeñada en el mejoramiento de la calidad de la educación. Propósito que se manifiesta en todas las formas de expresión de las instituciones escolares y que aparecen en los escritos críticos de la educación y en el PEI.

Lo cierto es que nos hemos quedado cortos al pensar que la calidad de la educación puede mejorar sin tener en cuenta la calidad humana, tanto de los educadores como de estudiantes y de la comunidad educativa en general.

La sociedad Colombiana, ha venido viviendo una constante crisis que se manifiesta en comportamientos agresivos como consecuencia de frustraciones que dan origen al rencor, odio, enemistad, venganza, denuncias públicas originadas por:

-      Fracaso de la administración Nacional para cumplir las promesas de la superación de la pobreza y el permanente deterioro urbano

-      Fracaso del sistema político para integrar las comunidades marginales: Áreas periféricas de las grandes ciudades y comunidades indígenas

-      Incapacidad del estado para satisfacer las demandas de igualdad de oportunidades en la educación

-      El permanente desempleo y las arbitrariedades que se cometen en las instituciones, empresas y las fábricas, contra los derechos de los trabajadores.

-      La falta de una política agraria que incentive al agricultor  para recuperar el campo como una empresa para el desarrollo nacional.

Todo lo anterior ha originado confrontaciones ideológicas y confrontación armada, convirtiendo al territorio nacional durante mucho tiempo en un escenario de guerra,pero que con los acuerdos de la Habana de cese al fuego con la Farc-ep, hoy Colombia inicia un nuevo camino para lograr una Paz definitiva y duradera con justicia social.

Frente a esta situación es responsabilidad de las instituciones formadoras de maestros, formar a un maestros para la paz, con ética y con valores que oriente la sana convivencia en la comunidad, estimule es desarrollo de los valores perdidos en la sociedad, como la solidaridad, la aceptación incondicional, la responsabilidad, el respeto, la capacidad de amar, la justicia y la libertad. En esta forma las instituciones formadoras de maestros estarán llamadas a contribuir con el propósito de organizar el país, erradicando la violencia para la construcción de la nueva Colombia, como una sociedad más justa, donde existan posibilidades de un verdadero desarrollo integral del estudiante para qjue sean hombres de calidad humana comprometidos con  el desarrollo del país.

Las Facultades de Educación y las Escuelas Normales Superiores están llamadas a ejercer esa influencia de pacificación en la medida que diseñen un  micro currículo con un núcleo temático sobre Pedagogía para la Paz, para que el Maestro ayude a la solución de conflicto, oriente al estudiante y a la comunidad en el entrenamiento de la sensibilidad social y la convivencia de grupo, caracterizada por relaciones intersubjetivas libres de conflicto.

La capacidad para la Paz en las relaciones interpersonales es la consecuencia de una formación en valores que conduzca al hombre de hoy a una Paz consigo mismo y con  los demás; por eso la Pedagogía para la convivencia, solo podrá alcanzar resultados verdaderos si se propone la misión de formar al hombre nuevo con sentido humano en todos sus actos y con una ética de servicio social comunitario.

La pedagogía para la Paz debe contribuir además a desterrar los juguetes bélicos de las manos de los niños, prohibir y contrarrestar como política de estado las películas y series de televisión que hoy exaltan el heroísmo de la violencia como única forma de esparcimiento, eliminar de las comunicaciones de radio, prensa y televisión el lenguaje e imágenes de violencia, orientar en las nuevas generaciones el desarrollo de la cooperación frente a la competitividad, la autonomía del ser humano frente a la dependencia, la afectividad y el amor frente a la confrontación y el egoísmo; y mas que un discurso teórico que intente crear una moda social, dicha pedagogía debe ser una praxis social y una actitud de todos los educadores colombianos que hoy estamos comprometidos con la defensa del sagrado derecho a la vida. Si ello es así Colombia no seguirá bajo el imperio de los violentos.

En la actualidad las instituciones normalistas que vienen formando Maestros están ubicadas en regiones por ser zonas rurales y de montaña, de poblaciones indígenas, donde a diario se observan actos de barbarie, es por ello que estas instituciones utilizando las innovaciones educativas, deben intervenir en la comunidad prestando atención educativa a las poblaciones especiales, como puede ser el desempeño de la educación rural y campesina, la reeducación de los adultos en las formas  nuevas de aprendizaje social, educación indígena y la rehabilitación social. Además debe existir un seminario permanente para que el nuevo Maestro aplique en la escuela y la sociedad estrategias de participación democrática, gestión de proyectos productivos comunitarios y una didáctica especial para las relaciones interpersonales que fortifiquen la convivencia pacífica.
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Educador y Escritor,
Danielquintero47@gmail.com

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