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Opinión | ¿De quién es la culpa?

Darío Álvarez Morantes | Los camioneros y los agricultores somos dos gremios que nos relacionamos directamente, porque conformamos el fundamento en la articulación de las cadenas productivas de productos frescos y  procesados de origen agropecuario.

La mayoría de los problemas son transversales a ambos sectores, como los costos de los combustibles, los costos de los peajes, el mal estado de las vías, la inseguridad y la competencia desleal de los productos y servicios importados, que influyen directamente en los costos de operación para los transportadores, los costos de producción para los trabajadores del campo, los costos de materias primas de transformación para los empresarios y los  precios que tiene que pagar el consumidor final, condicionado hasta en su dieta alimenticia, por la disponibilidad masiva de alimentos en el mercado con una gran proporción de pre cocidos y de paquete, promocionados  con publicidad engañosa como leche sin lactosa,  alimentos bajos en grasa, panes integrales, bebidas light, Omega 3, bífidus, cero colesterol, botecito, rico en vitaminas, natural, sin conservantes, refuerza tus defensas, regeneris, que ahorran la pereza de la gente pero la impactan directamente en su economía y su salud gracias a los TLC.

Además las empresas extranjeras en todos los sectores de la economía, tienen mayores exenciones,  y beneficios que las nacionales, facilidades de conformar monopolios, oligopolios y monopsonios con una competencia feroz y despiadada contra la producción nacional en ejercicio de su posición dominante en el libre mercado, lo que no es compensable si analizamos el saqueo de los insumos locales de las comunidades pobres, el irrespeto a las tradiciones  y a las sanas costumbres,  el deterioro de las aguas, los suelos y la diversidad, el desperdicio, la contaminación y en general el gran impacto negativo a nuestros recursos naturales y al  medio ambiente, mientras los trabajadores nacionales seguimos en pésimas condiciones.

Basta con mirar las realidades laborales de los transportadores y agricultores, sin seguridad social, sin un salario digno, sin servicios públicos de calidad, sin recreación ni deporte, con amplias jornadas de trabajo, con todos los riesgos, pero eso si con toda la voluntad de trabajo sacrificado para aportar al desarrollo del país, sin ser una caga para el estado.

¿De quién es la culpa? Cuando prevalece el poder a cualquier precio: Por estar en el gobierno, por influir con el dinero, por la capacidad de intimidación, por la astucia de la corrupción y la politiquería o por las alianzas con los delincuentes organizados.

No creo que la culpa sea de los transportadores y los agricultores que trabajamos honradamente, mientras vemos todos los días como el país se desmorona con la degradación de los derechos, los valores y los principios humanos, la inequidad, la intolerancia, la impunidad y la indiferencia, reemplazados por las oportunidades del dinero fácil, los negocios ilícitos y la delincuencia callejera, que crece como una alternativa laboral, que se le salió de las manos al estado y ahora solo compiten por organizarse, demostrar liderazgo y capacidad criminal para ser llamados a negociar cada vez con mejores condiciones.

¿De quién es la culpa? Cuando no se escuchan las justas reclamaciones de la gente de bien y se sacrifica al pueblo, en consecuencias lógicas que ocasiona un paro camionero,  o un paro agrario, de los cuales no se desconoce su impacto en el abastecimiento de alimentos y la inconsciente  especulación. Para nadie es un secreto que la violencia genera más violencia y la represión mayor indignación de los desesperados reclamantes, así es de que ese no es el camino.

Los agricultores clamamos porque lo más pronto posible, se llegue a un feliz arreglo producto del diálogo, la concertación, el compromiso y el buen entendimiento, sin los errores de anteriores acuerdos donde se han dilatado los plazos de los compromisos pactados, y seguimos igual pero con más promesas.

Colombia está pasando por una coyuntura delicada, que apuesta a consolidad la paz entre el gobierno y las Farc inicialmente y después con los demás grupos que quieran reinsertarse a la vida civil, pero el ejemplo  debe partir es de parte del estado, con la gente de bien, de lo contrario no se puede pregonar la construcción de la paz con los pilares  de seguridad, educación, justicia, democracia y reconstrucción del tejido soscial.

"El respeto, la libertad y la paz, solo se pueden cultivar con la educación de la gente y las garantías del gobierno para ejercer el poder a favor de la equidad, la democracia participativa y los derechos humanos".

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