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Opinión | Bajo el mismo cielo y con su propio infierno

Dario Álvarez Morantes | En un país tan hermoso como Colombia, con tanta riqueza y oportunidades de desarrollo, resulta triste, frustrante y vergonzoso, ver como la politiquería y la corrupción, seguirán generando siempre la violencia, que ha sido motivada además, por  la fuerza del poder en todas sus manifestaciones.

En política, Colombia figura en el puesto 19 entre los países con mayor riesgo político, según ¨El mapa de riesgo político mundial¨ citado en el diario la república y no es para menos cuando constantemente, observamos la actuación  solapada del gobierno con sus discursos de doble moral y de mentira, evadiendo los grandes problemas estructurales para el desarrollo, con políticas equivocadas, sin saber escuchar y con la más clara indiferencia por las reclamaciones de las  necesidades expresadas por  la gente, en un ambiente de ingobernabilidad, injusticia, violación de los derechos humanos, impunidad y prevalencia de los intereses particulares sobre los intereses colectivos, que se enmarcan en la sagacidad para desvirtuar la realidad y mantener al pueblo en la imaginativa percepción de un mundo virtual, en nada congruente con la cruda realidad.

Lo antes expuesto se agrava con el terrible flagelo de la corrupción, que nos ha situado en el deprimente 2 lugar en américa latina y en el 3 puesto entre 52 países con estas situaciones, según el periódico El Colombiano; de manera que ni las guerrillas, ni la delincuencia común, con los paramilitares, sumados, pueden competir con las cuantías del erario público y el sector privado, que se pierden, por acción corrosiva y miserable de este aberrante vicio.

A lo anterior se agregan todas las problemáticas consecuenciales como: la falta de empleo digno, en el que el estado solo apunta a publicar estadísticas engañosas, incluyendo el sub empleo, las ops, la informalidad y el rebusque, la educación como el arma más poderosa para  culturizar a la gente y generar el cambio, que seguirá siendo elitista, porque el que no tiene recursos, no puede acceder a la educación superior, aunque hay  que reconocer que se ha ganado aumento en cobertura de educación básica, acomodando en hacinamiento  a alumnos urbanos, en las mismas aulas y con el mismos número de profesores desactualizados, con una atención deficiente, que incluye a los niños que aún quedan en el sector rural.

La salud, que resulta ser el servicio público vital más vulnerado y corrupto, con la actuación, despidada, inhumana y voraz de las IPS y EPS que explotan al usuario, le niegan el beneficio, o lo atienden en pésimas condiciones, no le entregan los medicamentos aprobados en el POS y como si fuera poco, se declaran  en liquidación programada, para que el estado asuma con su presupuesto, todos los costos de responsabilidades incumplidas, supuestas pérdidas y dentro del proceso, para continuar después de subsanado el impasse, con otro nombre, en su descarado negocio, bajo la mirada alcahueta y permisiva del gobierno.

La seguridad que ahora dentro de un dilatado y cuestionado proceso de paz es negociada, con más prebendas  para los delincuentes que para la gente de bien y se condiciona al pueblo en un plebiscito que se debe refrendar si o si, sin explicación alguna de los acuerdos pactados y su incidencia en el posconflicto.

La productividad que se propicia más para grandes multinacionales, que para pequeños y medianos empresarios nacionales, dizque con la estrategia de fomentar la inversión extranjera.

La sostenibilidad
que no es viable en algunos casos, por la competencia desleal de productos importados, imponiendo su condición dominante en el libre mercado de productos y/o servicios a consecuencia de los TLC mal negociados.

La deuda externa, que sigue creciendo hasta ubicarse este año en su nivel más alto, crece también  la inflación, pero se reduce el PIB y las exportaciones.

La pobreza
, que sigue aumentando, pero se disimula para justificar algunos desenfocados programas sociales, ampliando la brecha entre ricos y pobres dentro de una sociedad, egoísta, clasista, elitista, racista, discriminatoria y excluyente que aplica apoyos a dedo, bajo el poder de la clase dirigente.

El deporte y la cultura, que son la mejor alternativa para el buen aprovechamiento del tiempo libre y para lograr la unión, el entendimiento y la inspiración de las personas, pero que solo se utilizan como distractores para que la gente se olvide momentáneamente de su propia realidad, cuando gana: Nairo Quintana, Jarlison Pantano, Mariana Pajón, Catherine Ibarguen, Fabiola Zuluaga, Jacqueline Rentería, la selección Colombia, Fernando Botero, Juan Gabriel Vásquez o Ángela Becerra, Por lo general patrocinados en el exterior, pero eso sí la mayoría  sacrificados en sus inicios y de estrato bajo, que no tuvieron el apoyo del estado.

La comida, que es un derecho de toda persona y un compromiso del estado, para que exista oferta permanente, suficiente y de calidad, con apoyo a la producción nacional, cosa que no se ha entendido en nuestro país con todo su potencial, porque importar resulta mejor negocio para algunos, sin evaluar el perjuicio colectivo y la sometida dependencia de otros países.

Es el agro la mejor opción para desarrollar estrategias de resocialización y emprendimiento, para personas que se han desmovilizado y que además de actividades de guerra, conocen de campo y pueden desarrollar proyectos productivos exitosos, sin versen obligados a delinquir nuevamente en las ciudades.

El medio ambiente que es de compromiso de todos, pero de irresponsabilidad general, donde nos saquean los recursos y se impacta negativamente a nuestro entorno, con consecuencias a veces irreversibles, para la naturaleza y el medio ambiente, pero nadie dice nada.

Sin embargo la problemática no es tan material, sino de incapacidad mental, para facilitar el cambio de actitud, que  genere los cambios, en los  que en  el gobierno se apliquen los principios democráticos y constitucionales de equidad, de respeto por la ley,  por los derechos y valores humanos, sin manipulación de las comunidades de bien y para que el ciudadano en general, pueda participar libre y eficientemente, sin imposiciones consentidas, ni sometimiento condicionado, ni alcahuetería, para el accionar perverso he hipócrita de políticos y corruptos expertos en violar las normas y explotar al pueblo.

De modo que vivimos bajo el mismo cielo, pero las clases desfavorecidas afrontan sin cesar su propio infierno, que en los privilegiados del poder, solo llega al estado de leve purgatorio, por la custodia de sus bienes, dentro de la problemática recurrente, que en círculos viciosos se mantiene en nuestro país, a causa de la ineficiencia del estado y la falta de cultura ciudadana, mientras los potentados se burlan del sumiso proletariado, celebrando a diario la efectividad de su sistema.

El posconflicto es una etapa  histórica, costosa, muy importante y complicada, donde el gobierno sí debe cumplir sus compromisos y generosas promesas pactadas, dentro de una verdadera política integral de estado,donde por ejemplo ni los agricultores de profesión, ni los pequeños empresarios, ni algunas regiones queden en condiciones desventajosas por vivir en paz.

Hay que retribuirle al campesino honrado su dedicación al trabajo y la paciencia resignada para asumir los sufrimientos causados por el conflicto y continuar construyendo país y repararle los daños ocasionados, de lo contrario el proceso se puede convertir en un arma de doble filo, que generará más violencia.

La Paz, La paz es una necesidad y un compromiso de todos, si queremos salir del sub desarrollo al que estamos condenados y no se cultiva con imponencias, con represión para el ciudadano, con injusticia, con violencia, con inequidad, con abuso del poder, con arrogancia, con intolerancia, con impunidad, ni con soberbia.

El camino debe allanarse con diálogo, disciplina, equidad social, democracia, fortalecimiento de los principios y los valores humanos, con seguridad, con autonomía alimentaria, con servicios básicos de calidad, con participación democrática efectiva, con respeto por la gente de bien, con libertad, justicia y reconocimiento de la función y de la identidad entre los seres humanos.

La sociedad entera debe aprender a escuchar, analizar y reflexionar tranquilamente, sobre cómo nos gustaría relacionarnos entre nosotros mismos y con los demás, dentro de un ambiente de igualdad y necesidades comunes, donde prime el interés general sobre el particular.

Es preciso despojarnos de las actitudes dominantes, de clase,  de exigencia y de poder, para entrar en el dialogo, la concertación y las solicitudes respetuosas, donde se motiven las buenas acciones y no solo se critiquen sin conocimiento de causa los presuntos errores, sin elogiar hipócritamente las actuaciones de los líderes,  sino agradeciendo sinceramente la solución a los problema reales o a la necesidades, motivando continuidad en ese tipo de comportamientos.

Es importante ponernos en los zapatos del otro para analizar sus comportamientos, frustraciones, deseos, anhelos, habilidades, destrezas y motivaciones, buscando lo mejor de sus sentimientos. No se trata de censurar al que no tiene la razón, ni descartar las opiniones de quien no se hace notar, tampoco de tomar decisiones injustificadas, solo por euforia de una mayoría emocional, se debe analizar cada situación, para tomar las mejores opciones en la resolución de los conflictos, serenándonos en nuestras actuaciones y siendo tolerantes con los demás, para aprender a convivir en situaciones que antes no conocíamos, estos son pequeños consejos para unificar desde los hogares una cultura de reconciliación y buen ejemplo, para replicar en la nueva sociedad que debemos construir de cara  la anhelada paz duradera y sostenible, con un gobierno al servicio del pueblo y no con un pueblo al servicio del gobierno, sin las premisas  del poder ¨sálvese quien pueda¨ ¨sobrevive o se extingue¨.

Pues si bien es indispensable evolucionar, innovar, modernizase y adaptarse para interactuar en una sociedad cambiante y competir en los mercados internos y externos con visión progresista,  en la actitud de un estado de hegemonía politiquera, corrupta, con oposición radical y sin misión social, también se motivan formas delictivas de sobrevivir, como ha pasado con la delincuencia en Colombia, que  avanza y evoluciona hacia la organización en la búsqueda de  estatus para ser llamados a negociar en iguales o mejores condiciones que los pioneros del proceso y donde que no se valora su alto impacto destructivo, en todo su contexto y en todos los sectores, hasta que  cada persona o  cada familia no sufra las consecuencias de su acción, lo que se recrudece, con la cultura de la vida fácil, la impunidad el servilismo y  la generosidad del gobierno con los grupos al margen de la ley por reinsertarse a la vida civil y la represión contra la buena gente, mientras que los delincuentes de cuello blanco disfrutan de las comodidad de la casa por cárcel, con la custodia del estado, que los considera inofensivos para la sociedad.

Solo planteo las anteriores situaciones para generar conciencia, reflexión, compromiso y acción, ante la responsabilidad que tenemos  todos los ciudadanos por colaborar para tener un país libre,próspero, desarrollado, amable y decente, con espacio para todos, en franco fortalecimiento del tejido social, para cultivar y consolidar una paz estable y duradera, pero sin la imposiciones radicales del gobierno y mucho menos de las recomendaciones de quienes ya fracasaron en estos procesos y quieren aparecer ahora a pesar de sus cuestionamientos como los salvadores, sin tener la mínima autoridad moral, para plantear lo que le conviene a nuestro país.

"Si me piden que abra una puerta, supongo y compruebo que está cerrada,
Para actuar, pero si me piden implícitamente  si, o no a la  paz, no puedo suponer ni verificar que  está bien negociada, para votar".

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Excelsio, Primer Periódico Virtual de Boyacá - Colombia.

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